23 de febrero de 2015

Una de comida IV

Esta vez voy a hablar de una campaña que hubo el año pasado (2014) en los "family restaurants" Royal Host:

La idea de comer pintxos en Japón nunca me había parecido apetecible, pero al ver esta campaña me quedé ☢horrorizada☢. "Vasco", "Acerca Vasco", "Pintxos Y TAPAS"... Llamadme purista, pero a mi esto no hace más que repelerme xD.
Así que me reí un rato, me entristecí de que eso fuera lo que iban a asociar los japoneses a los pintxos, y me prometí que no iría a ese restaurante nunca.
Pero las vueltas da la vida. Resulta que no fui la única que vió la campaña ☛ Kei también lo hizo.

Resumiendo el asunto, acabamos no sólo yendo a Royal Host, sino que probó los pintxos. Yo no tenía niguna intención de pedir nada del menú "vasco", pero después de echarle un vistazo, no me cupo ninguna duda... ☠Dios mio☠. Lo único que le dejé pedir a Kei fue el "surtido de cuatro pintxos vascos":


Dejaron bastante que desear, pero no era nada sorprendente.
Me quedo con que al menos daban bastante información sobre "los vascos", ¡hasta incluían el país vasco-francés! (Arriba a la derecha en la siguiente foto)
Se vé que fueron alli y se pusieron las botas (el menú incluye un pequeño reportaje de la "investigación" grastronómica que hicieron), aunque la consecuencia fue que venía a ser todo sobre San Sebastián xD, a pesar de haber ido a otros sitios a comer también (Zarautz).
Lo mejor de todo, el mapita de una parte de San Sebastián que decoraba el menú, una cucada:

6 de febrero de 2015

Kourankei, precioso haga el clima que haga

¡Hola de nuevo!
Empecé Enero fuerte, pero entre la preparación para el exámen de entrada al Máster y los exámenes de japonés que estoy teniendo esta semana, no he sacado tiempo para escribir nada, ¡lo siento!
Voy a seguir con el orden cronológico, a ver si me da tiempo a actualizarme que, al final, en Enero tampoco tuve tiempo para viajar a ningún sitio =P .

La última excursión que os he contado fue en Noviembre ( Enakyo) y, como ya os ya comenté, nos quedamos con ganas de ver el follaje tirando más a rojos, así que un par de días más tarde, agarramos las cámaras los que estábamos disponibles y nos montamos en un tren hacia Toyota.
Nos bajamos en Josui y allí nos volvimos locos para encontrar un konbini donde poder comprar algo que llevarnos a la boca: no habíamos desayunado y nos quedaba todavía una hora de viaje en bus (Toyota Oiden Bus) hasta llegar a nuestro destino final.
Gracias a Dios, teníamos como 40 minutos de espera hasta que llegara el siguiente autobús, así que pudimos buscar con calma, aunque acabamos volviendo corriendo para no perderlo y tener que esperar otra vez (pasan cada hora). Eso si, el bus era mínimo, no había apenas asientos, así que nos tocó apretujarnos con ancianas y estudiantes de instituto durante casi todo el viaje...
Lo bueno es que al final, nos lo acabamos pasando bien de todas maneras: las ancianitas eran muy simpáticas por no decir que eran casi la mitad que yo en altura, así que imaginaos como se veían al lado de dos de los extranjeros que fueron conmigo, chicos de 1'80 y pico..., y el paisaje japonés del interior es siempre curioso.

Al final llegamos a Kourankei y nos encontramos con que allí hacía tan malo como en Nagoya: bastante nublado y con lluvia. Era algo que nos habíamos esperado desde un principio, pero todos pensamos lo mismo: menuda caca. El caso es que no había marcha atrás. Nos había costado mucho tiempo llegar allí, y la época de kouyou se iba a acabar, así que tendríamos que aprovechar la ocasión al máximo, como todo el resto de visitantes ese día:


Es uno de los lugares más famosos para ir a disfrutar del cambio de estación, así que, a pesar de haber ido un miércoles con mal tiempo, había mucha gente visitándolo.

El nombre, 香嵐渓, significa a grandes rasgos "Valle de la tormenta de fragancias". No tiene mucho sentido, lo sé, pero no he encontrado ninguna traducción decente, así que nos conformamos con eso de momento.
Esta acumulación tan inusual de arces (unos 4000) tiene una leyenda, y es que en la era Edo (1634), el monje Sanei (o los tres monjes, como prefiráis) de un templo cercano, el Koujakuji, plataba(n) un árbol por cada sutra que terminaba(n) de escribir. Luego, a principios de la era Showa (sobre 1920), voluntarios locales plantaron más árboles en la misma zona:














A pesar del mal tiempo, el lugar es precioso. Siendo sinceros, el pueblo en sí no tiene mucho encanto, pero el paisaje es impresionante de todas maneras. Eso sí, es más incómodo moverse, subir y bajar de la colina fue toda una aventura y nos reímos muchísimo en general, pero las fotos nos quedaron con un aura muy mística gracias a la niebla que se extendía por el bosquecillo en la colina.













Conclusión: visitada obligada en otoño. Llegar y volver de allí es un rollo macabeo, pero bueno, tampoco es que ir en coche solucione mucho el tema: pueden haber atascos de hasta 3/4 horas.

¡Ahí lo dejo! La próxima entrada ya será sobre cosillas en Diciembre, ¡por fin!