Los extranjeros europeos
Si os lo preguntáis, sí. Este si fue un festival mucho más tradicional que el de Nagoya.
Como está a algo menos de un hora, pudimos hacer una excursión
Llegamos al atardecer, y tuvimos el tiempo justo para entrar a visitar el castillo, que cierra como el resto de castillos de Japón: a las 17:00.
El castillo se fundó en 1537 y, de entre los que he visitado hasta el momento, es uno de los que más conserva su apariencia original. De hecho, se conserva tan bien que, junto con los castillos de Hikone, Himeji y Matsumoto, se les considera tesoros nacionales.
Está situado a lo alto de una colina, así que tiene unas vistas impresionantes y la puesta de sol nos permitió hacer unas cuantas fotos bonitas del lugar:
Mientras estábamos visitando el castillo, la ciudad estaba ocupada con los últimos preparativos para el festival. Los puestos de comida ya estaban desperdigados por toda la zona, pero las "carrozas" estaban a medio montar. Cuando terminamos la visita, ya estaba todo preparado para la "procesión".
Mientras esperábamos a que empezara, paseamos un rato por la ciudad que, en la zona cercana al castillo, todavía mantiene un aire
Como podéis ver en la fotos, las carrozas, que creo que llamaban "Yama", eran unas estructuras de madera, de unos 5-8 metros de altura, adornadas con farolillos, y con grupos de niños en indumentaria tradicional en la parte más baja, tocándo una melodía con flautas y tambores. Todo esto tirado por hombres, ayudados por 4 ruedas.
Tuvimos nuestras dudas de si la luz era eléctrica o no, pero pronto dimos con la respuesta: eran de fuego. ¿Cómo lo descubrimos? ☛ Al principo de toda la procesión, las carrozas tenían que torcer una calle, véase mover 90 grados toda la estructura sobre si mísma, con los 10-15 niños y algún adulto encima también. Un esfuero increíble para los
Uno piensa: menuda locura. Todos los farolillos de papel, prenden rapidísimo, se contagia la llama en un momento, y luego está la estructura de madera, y luego piensas en todos los niños que hay abajo con sus elaboradísimos trajes que no les permiten moverse demasiado...
Pero no, no nos tuvimos que lamentar de nada. Cada vez qeu un farolillo entraba en llamas había varias voces en el público gritando y los adultos que están dentro de la carroza trapaban a toda velocidad y atizaban la llama hasta apagarla. Todo el mundo respira tranquilo y aplauden al héroe por su rapidez y valentía.
Tras el primer farolillo, el resto fueron eventos
Después de que acabara toda la procesión, cenamos en los puestitos de comida y nos volvimos a Nagoya, con las baterías de las cámaras y la memoria de las tarjetas agotadas.
Conclusión: una excursión de un día muy buena, aunque no sé si hacerla desde Tokyo sale tan bien =P.



















